07-11-06

y entendió que faltaba mucho aún....


Que las cosas no serian fáciles, que tendría que aprender, agachar el moño y saltar. Le dijeron tantas cosas, pero nada escucho. Porque las ganas eran mayores, la mente, el cuerpo y los ojos sólo podían mirar hacia el sol. Enceguecidos por sus rayos, violetas, amarillos y verdes, los ojos sólo pensaban en alcanzarlos. Pero no sucedió. Porque el sol terminó siendo una ilusión. No supo abandonar el ego, ni el cuerpo, ni los placeres ni el sufrimiento. Nada de eso, porque en el camino olvido y ya no supo, con los ojos quemados por el sol, hacia donde ir.

Aparecieron duendes y hadas y gnomos y elfos en el camino. Cada uno con su travesura quiso desviarlo del camino, “te vas a quemar, ¿qué no te das cuenta que ya no ves?”, le decían, y él no escuchaba. El corazón comenzaba a derretirse y ahí recién supo que el sol no era el camino. Un espejismo, entendió, un camino donde muchos sólo tienen piel frágil, una piel que se quema, corazones que no aguantan. Supo que ese no era su camino.

Así, bajo a la Tierra nuevamente y se perdió entre la multitud, aún quedaba mucho por recorrer antes de vivir.

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