Hay personas que caminan por la vida con un cartel sobre sus frentes, sobre el cual se puede leer “víctima”. Es un tipo de escritura bastante común en estos días, colgando sobre el cuerpo de un gran número de la población. La frase típica de estos personajes suele ser, “…pero no sé porque esto me pasa sólo a mí… “, o “…pero si no he hecho nada para que esto sucediera”, o “…¡¡¡¿qué quieres que haga?!! Si lo que esta pasando es culpa de…”. Hay muchas otras, donde la característica principal esta en enfocar los sucesos desde lo externo y no con una visión interna.
Para mi, la vida es una seguidilla de elecciones, donde cada ser es un artista de su propia existencia. A cada decisión vas creando tu realidad, tu propia obra de arte. Más allá de lo que venga sin que tú hayas influido directamente en ese acontecer, cómo lo enfrentas, vives, es una actitud que deberás definir tú solo. Nadie podrá “influir” en ella, eres tú quien decide que quieres hacer o no. No me creo el cuento del “deber”, finalmente eres tu quien define lo que es deber o no, generalmente fundándolo en tus propios miedos e inseguridades.
Por lo mismo no compro las actitudes de víctima. Y soy radical al respecto. Quizá porque en algún momento de mi vida traté de justificar mis temores con ese cartel y caí en un círculo de lástima, me doy cuenta de lo absurdo que resulta caminar por la vida así. Lo más entretenido es como la vida juega con estos carteles-personas. Como un río recuperando su cause, situaciones caóticas acontecen sin piedad hasta que la “víctima” es capaz de ver, y darse cuenta de su ridiculez.
Tengo una tía. Termino en la clínica por una pequeña sobredosis de pastillas, involuntaria claro, en ningún momento quiso suicidarse, pero su fin era claramente evadir. Y terminó hospitalizada por un día en observación. Su marido se fue de casa cansado de aperrar con esta niña-víctima sumergida en constantes depresiones y situaciones donde “la vida” era la culpable de sus achaques. Aún así, después de despertar en esa habitación blanca, no quiso abrir lo ojos de verdad y centrar la atención en ella. Al contrario, instaló su mirada en un foco externo, convenciéndose de que el problema no era otro que el dolor de cabeza que sentía en ese momento. Era esa la causa de haber pasado una noche en la clínica. ¿Su marido? No lo enfrento. Se le va a pasar, comentó, son pendejadas de él. Él es quien no me ha ayudado… Y volvió a su casa a llorar su rol de víctima. Ahora estará como miles quejándose de la vida, culpando a otros de sus propios males, sin siquiera sospechar que si no abre los ojos ahora, la vida deberá ser más caudalosa y fuerte para encausar sus aguas. Y la próxima vez, la historia será más cruel aún.

2 comentarios:
Odio tenerlo todo y pensar que la vida es injusta!
Odio los mocos duros!
Odio el vacío inexistente!
Odio que me odien y odiarlos por odiarme!
Odio a los enamorados que en las calles enrostran su amor a los transeuntes!
Odio a los putos transeuntes que odian el amor ajeno!
Odio odiar!
Odio, pero soy feliz. Aunque odie la felicidad.
Que lata, de esa gente hay mucha. No es que no quieran darse cuenta, es que no pueden. Es como la anoréxica que se ve gorda en el espejo. Nesesita apoyo, pero no puede perdirlo.
Ánimo no más, no queda otra.
Saludos del sur
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