19-07-06

Victimas de... de todo y todos

Hay personas que caminan por la vida con un cartel sobre sus frentes, sobre el cual se puede leer “víctima”. Es un tipo de escritura bastante común en estos días, colgando sobre el cuerpo de un gran número de la población.

La frase típica de estos personajes suele ser, “…pero no sé porque esto me pasa sólo a mí… “, o “…pero si no he hecho nada para que esto sucediera”, o “…¡¡¡¿qué quieres que haga?!! Si lo que esta pasando es culpa de…”. Hay muchas otras, donde la característica principal esta en enfocar los sucesos desde lo externo y no con una visión interna.

Para mi, la vida es una seguidilla de elecciones, donde cada ser es un artista de su propia existencia. A cada decisión vas creando tu realidad, tu propia obra de arte. Más allá de lo que venga sin que tú hayas influido directamente en ese acontecer, cómo lo enfrentas, vives, es una actitud que deberás definir tú solo. Nadie podrá “influir” en ella, eres tú quien decide que quieres hacer o no. No me creo el cuento del “deber”, finalmente eres tu quien define lo que es deber o no, generalmente fundándolo en tus propios miedos e inseguridades.

Por lo mismo no compro las actitudes de víctima. Y soy radical al respecto. Quizá porque en algún momento de mi vida traté de justificar mis temores con ese cartel y caí en un círculo de lástima, me doy cuenta de lo absurdo que resulta caminar por la vida así. Lo más entretenido es como la vida juega con estos carteles-personas. Como un río recuperando su cause, situaciones caóticas acontecen sin piedad hasta que la “víctima” es capaz de ver, y darse cuenta de su ridiculez.

Tengo una tía. Termino en la clínica por una pequeña sobredosis de pastillas, involuntaria claro, en ningún momento quiso suicidarse, pero su fin era claramente evadir. Y terminó hospitalizada por un día en observación. Su marido se fue de casa cansado de aperrar con esta niña-víctima sumergida en constantes depresiones y situaciones donde “la vida” era la culpable de sus achaques. Aún así, después de despertar en esa habitación blanca, no quiso abrir lo ojos de verdad y centrar la atención en ella. Al contrario, instaló su mirada en un foco externo, convenciéndose de que el problema no era otro que el dolor de cabeza que sentía en ese momento. Era esa la causa de haber pasado una noche en la clínica. ¿Su marido? No lo enfrento. Se le va a pasar, comentó, son pendejadas de él. Él es quien no me ha ayudado… Y volvió a su casa a llorar su rol de víctima. Ahora estará como miles quejándose de la vida, culpando a otros de sus propios males, sin siquiera sospechar que si no abre los ojos ahora, la vida deberá ser más caudalosa y fuerte para encausar sus aguas. Y la próxima vez, la historia será más cruel aún.

14-07-06

recomendación para aburridos ciber-navegadores

Amigas, amigos, familia humana:
de tanto navegar por internerd, he encontrado varias páginas bastante interesantes7 entretenidas7 pelabacles7... esta es de un blog7diario o quizá qué cosa. es un pelacableo y esta buenisimo!!! mhhh, esta en inglés, pero un inglés fácil, además que es una historia-fotografía no es necesario entenderlo todo para comprender.... sólo la imagen posterior importa... ¿tema? consumismo desesperado, al puro estilo paris hilton... y los que no saben quien es ella, mhh, ¡les falta tiempo de ocio!..besos ñoños....The Morning News

04-07-06

Ojos del miedo

Llegamos el 2 de julio, tibio y húmedo amanecer, agotados, luego de festejar el crecimiento de la albahaca, fragante lirio doméstico, en el campo La Olvidada, hacienda de grandes piscinas grises, rectangulares, deshabitadas, infinitas vasijas de concreto, profundos volcanes vaciados de lava, punzantes voces, que recuerdan al caminante el egoísmo del primer gran secreto.
Creí que el rumbo de la primavera rozaría con su velo la sequedad del paisaje, que ya por convicción debía afrontar, mandato de desconocidos dioses, espíritus de las imágenes, soberbios y mezquinos. Eran los valles de cemento de La Olvidada. Aquellos caminos angostos, con virtudes de temerosa serpiente, conducían al origen de la sorna y la ironía, al cadalso en sus profundidades.
Cada paso de aquel exilio, era un sobresalto, una punzada en el centro del pecho, agitando inexorablemente las ideas, transformando las formas y regando de sangre los surcos del miedo incontrolable, torrente que sacude el cuerpo y lo estremece, ahogado, sediento.
Él ya nos tenía prisioneros, otrora, más ahora luego de un descanso de vidas volvía, a acabar, mutilando, la existencia, a sembrar sufrimiento y dolor, a erosionar las pieles, con sus máquinas de torturas, creaciones del infierno que había acumulado con los años, al alero del reconocimiento público que ostentaba, por su presencia endemoniada, predilecta fruta de los condenados.
No podíamos escapar de aquel espacio incomprensible. La sola imagen de aquellos jardines, congelaba los músculos y adormecía los canales sanguíneos. Nunca habíamos sido tan impalpables como ahí en su presencia, nunca el miedo, y la presión habían asfixiado el pensamiento.
Empezó primero a explicar lentamente, tranquila y sádicamente lo que haría con nuestros cuerpos, eligiendo extremidades, detenidamente, para la dolencia, como eligiendo columnas por botar, para el desequilibrio.
Sólo nos mirábamos, era el único medio de comunicación ante la rigidez del pavor, la desconexión, el hielo en las ideas, solo la mirada podía explicarlo todo, solo nuestros ojos mostraban todo el terror, la excitación ante la muerte, la desesperación del descontrol, de la crepuscular incertidumbre.
Mi turno es el segundo. El primero apareció dando tumbos, en silencio, disperso, ajeno. No podría hacerlo, no puedo, no podía. Estábamos en su presencia y no podíamos más que acatar, o esperar al menos mejor atrocidad, menor exterminio, rapidez, silencio. Tomé el cuchillo, lo miré y vi el brillo que salía de su hoja, de sus dientes. No tenía filo, era redondo, inofensivo. No podía, soy demasiado cobarde para sufrir durante tantas horas.
Entonces me miró el del lado, que ya lo conocía de hacía mucho, y lo estimaba, y con voz firme y pulso entero me entrega, al descuido del asesino, recta y aguda, acantilada navaja, con idea fija, con incesante sensación de desconcierto, el final.
Hay solo una oportunidad, el error es sufrimiento. Son milésimas de segundo hasta que el asesino retome su senda de horror y exija el cumplimiento de su orden. Tengo que pensar en medio de los latidos que arrancan el corazón de su lugar hasta producir el caos. Es solo un movimiento, firme corte de viento y aurora, en el horizonte.
Miré al del lado con decisión, asolado por la pena, agotado, con las últimas fuerzas para acabar de una vez con el martirio que traía esa fuente indescriptible que me rodeaba y retenía. Quise despedirme y no pude, agobiado y triste, más que el pudor de no poder hacerlo.
Rendí mis fuerzas al cielo, en el último pensamiento, antes del movimiento mortuorio, del silencioso y aterrador, agudo réquiem, que produciría el terror.
Levanté mi brazo y la navaja, decidí morir, de una estocada profunda y recta. La cobardía y el dolor recorrían como pequeños insectos mi brazo. Este no controló el dolor, ni la pena, y la estocada fue débil, dolorosa, como si en el globo ocular estuviese mi corazón.
Mi ojo no explotó, más la navaja quedó enterrada hasta la mitad, como recordando tortuosamente mi dolor y cobardía. El asesino espetó su sentencia de sufrimiento por mi engaño, por salirme de su juego de exterminio. En horas terminaría de morirme del dolor, acabaría por desangrarme de la mente, rodaría todo al suelo por el orificio de mi ojo auto perforado.
Luego las luces se fueron apagando, y el lugar quedó vacío y solo, oscuro.
Cesar

03-07-06

HORMIGAS SALEN DE SUS ESCONDITES Y SE DEJAN VER

A pesar de los reiterados esfuerzos del gobierno en conjunto con los empresarios, las hormigas se han multiplicado a tal nivel que se hace imposible esconderlas. Durante años se intento mimetizarlas con el ambiente, aislándolas en barrios especialmente establecidos para ellas, además de un arduo trabajo psicológico, cuyo objetivo era convencerlas de la imposibilidad de salir de su lugar de “hormigas”, además de generar en ellas un nivel de satisfacción suficientemente alto como para evitar suicidios, protestas, en fin, cualquier acto que atrajera la atención de la sociedad en ellas. Porque desde que inventaron estas ciudades supieron que serían necesarias hormigas para sostenerlas. No hablamos solo de construcciones, sino todo tipo de servicios y producciones. Por supuesto que la idea siempre fue esconderlas, porque el resto de los humanos podría espantarse ante tremenda injusticia. Así, en los supermercados los visten con los colores de las paredes, en la calles se mimetizan con el del cemento y el barro, las construcciones apenas dejan distinguir el hombre de la estructura y en las oficinas cumplen el rol de mensajeros, solución perfecta para esconderlos dentro de las vías de transporte.

Pero sucedió!!!

Viernes, 18:55 hrs. Tengo que estar a las 19:30 en Baquedano, por supuesto baje las escaleras del metro, segura de la eficiencia y rapidez de este medio de transporte. Al ir entrando me tope con una fila que nacía del último escalón. –Debe ser un grupo de amigos que esperan,-le dije a Cesar, confiando plenamente en la modernidad de la marca “metro”. Seguí caminando cuando doy la vuelta y me detengo. Una masa de hormiguitas colapsa las boleterías, escaleras y cualquier espacio. Cuando digo colapso, es eso, colapso. Nunca en mi vida he visto un lugar más repleto, lleno de hormiguitas, no me refiero a hombres grises. Sobre sus espaldas un cuerpo agotado, caras de soporte, vestimentas cafés, verdes oscuras y negras. Cientos de ellos, uno encima del otro, esperando la venta de un boleto. Utilizando un medio que jamás pensaron para ellos, porque “ellos” no existen en los diseños de empresas. El metro, supuesto reflejo del avance de nuestra sociedad, se torno café, inutilizable, pero ahí estaban ellos, achoclonados, imbatibles, acostumbrados. Saben esperar, soportar, así es su mundo, así los entrenaron. Cruce el lugar de un extremo a otro, con los ojos abiertos, el corazón asombrado. Un ser tras otro, centímetro a centímetro, todo utilizado por dos piernas raudas sobre el pizo. Imposible desplazarse, los 500 m2 fueron ocupados por tantas personas como metros. No cualquier persona, hormiguitas, eficientes, resignadas… Nada trágico, no es el acpocalipsis… pero cuando abres tus ojos y VES algo que siempre SUPISTE, no deja de aterrate. Eso que sabes ES REAL.